“Nisman: el fiscal, la presidenta y el espía”

Director: Justin Webster

Año: 2020

“Nisman: el fiscal, la presidenta y el espía” a lo largo de seis capítulos logro condensar de manera didáctica, es decir para un consumo internacional; y atrapante, para un espectador con conocimiento sobre el tema, uno de los casos que más desconcertó al pueblo argentino: la muerte de Nisman. ¿Asesinato o suicidio? Es algo que no vamos a contestar nosotros y tampoco el documental que peca de carecer una mínima hipótesis. El documental producido por Netflix y con Justin Webster en la cabeza investiga o profundiza en la muerte del fiscal Nisman a la vez que recorre los últimos 25 años de la Argentina, para así entender el origen de personajes, temas y sucesos que se desarrollan a lo largo de las 6 horas de duración. Por lo tanto, no es de sorprenderse que el documental incorpore una gigantesca cantidad de información (personas, instituciones, sucesos, etc) los cuales logra, en general, manejarlos de forma coherente.

La serie-documental en su afán de sostener un suspenso dramático, que produce una atracción, y una coherencia temporal, simbolizada con una línea de tiempo, falla en varias situaciones porque estos dos elementos son incompatibles entre sí. El intento de reunir la temporalidad con la atracción dramática lleva a que haya una desorganización narrativa que produce la repetición de momentos, volvemos una y otra vez a un mismo punto en nuestra línea de tiempo, pero esta vuelta al mismo punto trata de releerse desde otra perspectiva o en algunos casos agregando nueva información que permita otras lecturas. Estos nuevos elementos que podemos pasar a llamar interrogantes dramáticos son usados por el realizador, ya que este sabe que para mantener intrigado al espectador los tiene que incorporar, aunque por momento se note forzados y otras logre agregarlos de manera sutil para no ser demasiada obvia su manipulación.

En un documental serial expositivo de este tipo se puede esperar, ya que está incorporado en su propio esquema y es casi obligatorio, sorprendentes revelaciones que pueden generar cambios en el eje a partir de sus apariciones. Y, también, la elección de una hipótesis sobre la cual el documental se va a sostener.

Algo recurrente en el documental de investigación es exponer algún secreto desconocido hasta entonces que lleve a revisar un hecho desde una nueva perspectiva. Si bien hay una enorme cantidad de entrevistas reveladoras, testimonios inéditos y material de archivo poco visto, no hay ninguna de esas sorpresas que permitan revisar el caso con nuevos ojos. Y no porque no se haya buscado sino porque aquel secreto desconocido no se expone de manera contundente y reveladora como para generar una nueva investigación. Por ende, el documental se siente más como exploración mucho más profunda sobre un caso que supera la ficción.

Lo más llamativo es que la serie no posee una hipótesis, no busca dejar en claro si fue un homicidio o un suicidio. No le interesa. Webster se abstiene de tomar una posición concreta, no toma partido por ninguna de las fuerzas que chocan, ni se muestra a favor o en contra de las diferentes posturas que van apareciendo en los seis capítulos. Es así como el documental en su abstinencia o cobardía de posicionarse de un lado o del otro termina transformándose en una especie de Test de Rorschach donde cada espectador ve lo que quiere ver. Una exposición de todas las posturas donde ninguna está mal, pero tampoco ninguna está bien, donde el espectador pasa y toma aquella idea, entrevista o prueba que más le interesa o cierra.

En el primer episodio aparece un investigador estadounidense que dice que una de las cosas que lo sorprendió de la investigación del caso AMIA, era cómo aquí por lo general se trataba de hacer que los hechos se acomodaran a las hipótesis en lugar de lo contrario y como eso dificultaba muchísimo cualquier tipo de avance real. “Nisman: el fiscal, la presidenta y el espía” procede de manera similar. Es decir, no tiene una hipótesis como punto de partida y espera que los hechos y testimonios aclaren la situación. Demás está decir, que claramente no logra aclarar la situación.

La puesta en escena no es disruptiva en cuanto al formato internacional de este tipo de docuseries. “Nisman: el fiscal, la presidenta y el espía” esta filmada de manera lujosa con drones y también con recursos que rozan el cine publicitario, una musicalización de suspenso acompaña la investigación mientras se respeta a raja tabla el formato de archivo y entrevista. Si bien es cierto que casi nunca hay innovaciones formales en el género ya que no son vistas para eso, hay que aplaudir el logro de reunir tanta información. Hay que reconocer que es un gran logro que hayan podido condensar tanta información, a veces contradictoria, de manera entretenida y amable para cualquier espectador sin caer en el exceso de exposición y sin haber utilizado, la a veces odiada, voz en off.

Queda en el espectador posicionarse de un lado o del otro y para aquellos que se metan de lleno en el caso les queda las ganas de resolver un caso que supera la ficción.

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