«Prefiguración de Lalo Cura»

en Putas Asesinas

Roberto Bolaño

2001

A principio de año compre el libro de cuentos Putas asesinas de Roberto Bolaño por varios motivos. Uno de ellos (no el principal pero que sí lo complemento) es que una gran doctora en letras de la UBA, que llamaremos C. M, me lo recomendó y me hizo adentrarme en Bolaño. C. M es una gran conocedora de este autor, lo descubrió, lo estudió, y llegó a formar una gran amistad con el escritor chileno, al punto de que uno de los cuentos de este libro está dedicado a ella. La cuestión es que gracias a C.M pude apreciar al cien por ciento la forma de escribir y de narrar de Bolaño. El segundo motivo (y el más importante) es porque contiene el cuento: Prefiguración de Lalo Cura. Este cuento me lo enseño E. R, un discípulo de C. M, y me lo enseñó de la mejor forma que se puede enseñar algo, que es desde la fascinación y el amor. 

Una vez le comenté a E.R que tenía ganas de adaptarlo, no para filmarlo sino por puro placer. E. R me miro, se rió y me dijo: ¿Con todo lo que tiene? Le respondí que sí. Mi respuesta fue tan espontánea que incluso no lo deje terminar la pregunta. La razón es que el cuento tiene varias capas que me destruyeron la cabeza la primera vez que lo leí y porque trabaja con un topos bastante relegado que es el del cine pornográfico y su forma. 

Para entender cómo funciona el cuento primero hay que establecer cierta forma del cine pornográfico. No voy a profundizar en cada tópico porque no es el fin de esta entrada, pero si voy a aproximarme a dos ideas claras sobre el género: la acumulación y el carácter fractal. 

Podríamos empezar a hacer una aproximación a la narrativa del cine pornográfico diciendo que hay un avance sin progresión. Es decir, el tiempo es continuo y las cosas se acumulan sin progresar. Incluso esas cosas que se acumulan pueden ser intercambiables. Hay una acumulación de escenas continuas donde no se presenta un progreso narrativo y que además pueden cambiar de orden e igual funcionar porque, como dije, funciona una lógica de la acumulación. A su vez, hay un carácter fractal en los cuerpos. La fragmentación juega un papel clave porque hablamos de un nuevo cuerpo, un cuerpo desmembrado. Se recorta el cuerpo y queda liberado de las normas, se desarma y vuelve a armar.

Prefiguración de Lalo Cura encuentra en el porno una matriz narrativa, una forma de narrar. Cuando nos topamos con el cuento lo primero que nos sorprende es que se desarrolla enteramente en un solo párrafo que se extiende durante las ocho hojas que tiene. En ese único párrafo aparece algo del ritmo de la prosa y de la imagen. Nos va dejando sin respirar. El narrador pareciera no parpadear ni hacer pausas, la mirada es una mirada inhumana.

La cuestión de lo latinoamericano también atraviesa todo el relato. Lalo, el personaje principal, es colombiano. Las actrices que viajan, Connie, Doris y Mónica, cuando llegan al destino y se instalan, arman una comunidad, una utopía comunitaria. Todos los personajes son difíciles de anclar en una nacionalidad porque no son de un país, son latinoamericanos. El narrador mismo se identifica como latinoamericano. El relato habla de cierta condición latinoamericana: “Esa noche echaron a rodar los dados por la Séptima Avenida, el artista prusiano y las putas latinoamericanas”.1   

En el texto no pasa nada: Llega Lalo, amenaza a Pajarito y se va. Los flashbacks entran a un pasado y no a una memoria. Esto genera que no haya trama en el sentido más clásico. Es en esta instancia donde podemos empezar a ver como el texto se articula con la lógica del porno. Los flashbacks no se encadenan por consecuencias, se nombran como recuerdo. Y además, el texto tiende a la lista. Uno de los momentos más conmovedores es la lista de muertos que aparece. En la enunciación de la misma se haya un ritmo poético:

“Sansón Fernández, muerto de sida. Praxíteles Barrionuevo, muerto en el Hoyo de Bogotá. Ernesto San Román, muerto a navajazos en la sauna Arearea de Medellín. Alvarito Fuentes, muerto de sida en la prisión de Cartago. Todos jóvenes y con la picha superior. Frank Moreno, muerto a balazos en Panamá. Óscar Guillermo Montes, muerto a balazos en Puerto Berrío. David Salazar, llamado el Oso Hormiguero, muerto a balazos en Palmira. Caídos en ajustes de cuentas o en reyertas fortuitas. Evelio Latapia, colgado en un cuarto de hotel en Popayán. Carlos José Santelices, apuñalado por desconocidos en un callejón de Maracaibo. Reinaldo Hermosilla, desaparecido en El Progreso, Honduras. Dionisio Aurelio Pérez, muerto a balazos en una pulquería de México Distrito Federal. Maximiliano Moret, muerto ahogado en el río Marañen. Vergas de 25 y 30 centímetros, a veces tan grandes que no se podían levantar. Jóvenes mestizos, negros, blancos, indios, hijos de Latinoamérica cuya única riqueza era un par de huevos y un pene cuarteado por las intemperies o milagrosamente rosado quién sabe por qué extraños vericuetos de la naturaleza”.2

A su vez, la lista convive con el paradigma de la pornografía en la medida en que es fractal. Todo el texto se encadena de esta forma. Debido a eso se articula sin nexos. Es decir, puedo intercalar y no cambia porque avanza de todas maneras. 

Al finalizar el cuento es donde aparecen las preguntas problemas: ¿cómo contar esa lista de muertos? ¿de qué tiene que hablar un escritor latinoamericano?, y sobre todo la pregunta de ¿cómo contar la historia de Latinoamérica?.


1 R. Bolaño, «Prefiguración de Lalo Cura» en Putas Asesinas, Barcelona, Penguin Random House Grupo, 2017, p. 99.

2 Opus cit. supra, p. 104.

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