No suelo ver series. Puedo contar con los dedos de ambas manos, y seguramente me sobrarían, las que arranque y termine. Esto no se debe a alguna pretenciosidad infantil mía, reconozco haber atravesado esa época hace muchos años y, por suerte, haberla enterrado. Realmente no sé bien el motivo. No tengo en claro si son las narrativas, lo formal, el dispositivo en sí, los tiempos que manejan, no lo sé.

Ya hace un tiempo la televisión viene dándonos grandes producciones. No hablo de Game of Thrones (la cual no vi y tampoco me interesa hacerlo), si no de: True Detective y Under the Banner of Heaven, ficciones que sobre un género bien estable como el policial supieron complejizar la industrialización, las fábricas, y sacar a flote las raíces más oscuras de algunas religiones y tradiciones del pantano. O, The Bear que logra situar en el espacio de una cocina problemáticas de la sociedad capitalista, y sobre todo neoliberal, contemporánea, como las ansiedades producto de la búsqueda de la perfección, o, cómo sobrellevar un duelo en una sociedad que te pide ser eficiente constantemente. No suelo ver series, pero ví Normal People tres veces.

Normal People en tres momentos distintos de mi vida. En los tres visionados descubrí y aprendí cosas distintas. La objetividad es imposible. Se puede intentar acercarse a la misma, pero siempre hay algo subjetivo que se cuela, todos estamos atravesados por situaciones, emociones, conocimientos que establecen nuestra epistemología. Este escrito no es objetivo, ni busca serlo,  es explícitamente subjetivo porque así lo demanda. 

Normal People

No voy a escribir una sinopsis de lo que trata la serie, porque doy por sentado que toda persona que esté leyendo esto lo sabe. Lo único que voy a decir es que Lenny Abrahamson y Hettie MacDonald adaptan de una manera hermosa aquellas palabras que Sally Rooney escribió en la novela. Tanto la novela como la serie son una radiografía de las problemáticas contemporáneas que se atraviesan en momentos particulares: finalizando la secundaria, la universidad y los años posteriores al finalizar la misma. A su vez, son etapas bisagras en la vida. 

Los enredos amorosos y adolescentes de Marianne y Connell son la base sobre la cual aparecen temas como: los conflictos de identidad, la incapacidad de comunicarse, la incertidumbre por el futuro, los sentimientos de incomprensión y soledad, las contradicciones inherentes entre las ideas y el estilo de vida, las tensiones entre lo rural y lo urbano, la importancia de la salud mental y la carga de los problemas familiares, entre otros. 

Muchas de las ideas con las que Sally Rooney construyó Normal People provienen de The Golden Notebook de Doris Lessing. La novela de Lessing, publicada en 1962, narra la historia de Anna Wulf quien, siempre al borde de un ataque de ansiedad, busca su libertad sexual y creativa. En cuadernos de diferentes colores, los cuales representan diferentes aspectos de su vida, trata de encerrar sus sentimientos, ideas y una identidad que no puede evitar fragmentar. El cuaderno negro es sobre su pasado, el rojo sobre política, el amarillo sobre ficciones y, finalmente, el azul retrata su presente. La pregunta esencial que se plantea la autora y Anna Wulf es si una persona puede dividirse en todos esos aspectos y si la misma, en realidad, no es una combinación de todo aquello, aunque hayan contradicciones en esa combinación. Ambas van a encontrar la solución en un cuaderno final de color dorado, en el cual todo parece volverse a construir luego de un colapso emocional inevitable.

El camino que recorre Connell es similar al de Anna Wulf. En diversos momentos se cuestiona quién es realmente, ya que adopta diferentes personalidades según quien le rodea. A su vez, también encontramos las ideas políticas que es uno de los puntos más interesantes para pensar. Cómo la vida bajo el capitalismo confronta constantemente con las ideas marxistas es algo habitual en la serie. Connell se ve obligado a coincidir con una elite intelectual con la que no encaja, con la que comparte poco y nada cosas del pasado y del contexto socioeconómico, porque la escritura (la profesión que desea) pasa y requiere estar presente en esos círculos. Las contradicciones salen a flote casi al instante pero, para Lessing, la identidad no es perfecta sino inherentemente contradictoria. 

Encierros

Marianne mira por la ventana. El profesor le llama la atención por estar distraída. Un plano revela aquello que a Marianne le parecía más importante: las hojas de un árbol que se mueven ligeramente por el viento. La forma en la que ella observa es idéntica a la de una persona encarcelada que observa entre los barrotes de su celda. Marianne anhela la libertad de la misma manera en la que podría hacerlo un preso. La serie recién arranca pero ya instala una centralidad en la sensación de encierro y aislamiento que tiene Marianne y, como más adelante veremos, también Connell.

La sociedad nos coloca en casillas desde las que percibimos, vemos y experimentamos el mundo, alejándonos así cada vez más del libre albedrío y de la autonomía. La pregunta que hay que plantearse es: ¿se puede ser realmente libre, o fiel a sí mismo, si el sistema en el que vivimos nos coloca en caminos establecidos y, al mismo tiempo, nos condiciona por nuestra posición social y económica? La revolucionaria Rosa de Luxemburgo escribía “el que no se mueve no escucha el ruido de sus cadenas”, pero ¿qué pasa si las escuchamos pero somos incapaces de romperlas?

Connell y Marianne no son lideres de la revolución ni figuras inspiradoras para desmantelar estas cuestiones, sino que, más bien, son dos personas intentando encontrarse en esas circunstancias. Su existencia en la Historia no es cambiar el paradigma, sino exponer los estragos emocionales que se pueden provocar. 

Ambos atraviesan esta problemática desde posiciones diferentes. Marianne lo hace desde la seguridad económica y el trauma familiar, mientras Connell lo hace desde la precariedad y la introspección. Normal People habla bastante de estas diferencias de clase, que son imprescindibles para entender el funcionamiento del mundo y el devenir de las personas. Por mucho que el neoliberalismo nos haga creer que podemos hacer lo que nos propongamos con esfuerzo y dedicación, la realidad es que no somos dueños de todas nuestras circunstancias y estamos más atados de lo que creemos a nuestros contextos socio-económicos. El sistema opresivo y sus techos de cristal existen para delimitar las fronteras del mundo y, sobre todo, Connell se chocara con eso de frente. 

Connell en varios momentos es encuadrado en un plano en donde se lo ve a través de cristales semi opacos. Su imagen se difumina, tan solo reconocemos su contorno, está presente y no a la vez. No ocurre nada de relevancia o específicamente, tan solo nos guían en el estado emocional del personaje. Aparece la sensación de encierro, pero sobre todo el conflicto de identidad, el mismo que planteaba en su libro Doris Lessing.

Incomunicación

Estrechamente ligado al conflicto de identidad aparecen: las inseguridades, la incomunicación y la soledad. Tópicos que se hayan en lo que podemos denominar como la “interioridad” de los personajes. La serie para tratarlos recurre a la profundidad de campo, sobre todo a la poca profundidad de campo. Normal People separa a los protagonistas mediante este recurso no solo para destacarlos, sino también para encerrarlos en su propia interioridad. 

En un plano se puede ver a Marianne, en el instituto, separada del grupo de Connell. La profundidad de campo resalta la diferencia, ella y el grupo no pueden convivir en el mismo foco. Más adelante, observamos un primerísimo primer plano de Marianne en el cual el foco va moviéndose por su cara, esto se debe a un momento de confusión sentimental por la reaparición de Connell en su vida. El nivel de cercanía, de intimidad, que carga ese plano nos adentra en sus pensamientos, podemos ver a través de ella, ser testigos de sus sentimientos. A su vez, el juego con el foco permite transitar otros significados como la desorientación o la emoción incontrolable que se está germinando dentro de ella. 

El foco es también la herramienta para abordar la incapacidad de los personajes para comunicarse de manera correcta. Si cada uno vive en su propio foco alejado de los demás, en su propia interioridad, ¿cómo van a habilitar que un Otro comparta la vida con ellos? Siguiendo está línea se entiende el camino que recorren los personajes, en el cual nunca se abrieron a nadie que no fueran ellos, por lo tanto a esto se debe que su conexión sea algo única e irrepetible. Capaz es por esto que las relaciones sexuales que mantiene Marianne con otras parejas son encuadradas desde la distancia, muchas veces fuera de la habitación, mientras en las que mantiene con Connell, ambos se funden con y en la pantalla.

La incomunicación es un problema contemporáneo que se ve cada día más. En la actualidad, muchas relaciones detectan este problema y lo trabajan porque es una bomba de tiempo. El gran problema en la relación que mantienen los protagonistas, que es un vaivén entre amistad, noviazgo y amor imposible, es la incapacidad para comunicar correctamente sus deseos y sentimientos. En su icónica “ruptura” en la universidad, Connell le anuncia que va a pasar el verano en Sligo y ella entiende que la está dejando, cuando lo que en realidad esperaba él era que ella le dejase vivir en su casa durante unos meses. Él nunca le expuso que no tenía donde vivir. Las inseguridades y el orgullo les impidió decir lo que querían y lo que sentían. 

Otro recurso que la serie usa de manera recurrente para abordar el tópico es el plano de la nuca de los protagonistas. En este plano se aglutinan dos ejes comentados: la incomunicación y el conflicto de identidad. Verlos desde atrás implica no verlos comunicarse, no los observamos mirando la boca, no podemos ver sus gestos. La centralidad que se genera en sus cabezas nos adentra en todos los traumas que poseen. Por otro lado, tampoco vemos sus caras, es decir, los personajes en estos momentos no terminan de configurarse como un hablante con una identidad propia, no tienen una identidad a la que ligar lo dicho con el hablante. Sumado a esto, se esconden del espectador como si les diese miedo mostrar quienes son y que lo dicho sea relacionado con ellos. 

Lo macro y lo micro

Hay un consenso, demasiado clásico, de que el plano general sirve para darle aire a la película como así también establecer espacios y posiciones. Cuando en Normal People, que es una serie de mundos interiores, aparece el plano general, este tiene una connotación diferente, en el plano general la realidad parece y es inabarcable. En la distancia que se puede tomar aparece la sensación de inmensidad. 

En aquello planos los elementos nunca están centrados, ni los mismos protagonistas. En aquel exceso de aire que se encuentra en el encuadre se esconden todas las preguntas que conciben ellos y las respuestas del universo. Esto que los oprime aparece primero en sus casas donde en sus adolescencias se encuentran viviendo situaciones complicadas que los van a marcar. En Marianne hablamos de una situación de maltrato, en Connell, probablemente, una ausencia paterna de la que nunca se hace referencia. 

Lo que inicia en la casa se extiende y muta a lo largo de la serie. A medida que avanza, los personajes cambian y nuevas dudas los encierran y aterran. Los planos generales ya no sugieren tanto las circunstancias hogareñas, que si bien siguen estando, dejan lugar a la mirada inevitable al futuro. Cuando están en exteriores, tanto a Marianne como a Connell les cuesta ganar espacio. Les cuesta conquistar ese aire en el plano, todo aquello que esta fuera del control de ellos les gana: la familia, la felicidad, la vida. 

Esto se puede observar, por ejemplo, en un plano en la playa donde las nubes esconden las montañas de manera intimidatoria, sirviendo, capaz, como premonición a lo que acontecerá entre ambos antes de la fiesta de graduación. La naturaleza acompaña y anticipa todos los movimientos que se van a dar en la serie, como cuando Connell, empequeñecido, se encuentra bajo un cielo nocturno azulado y envuelto en un viento inclemente. Por último, estas fuerzas de la naturaleza aparecen durante su viaje a Italia como post-universitarios (definitivamente, uno de los mejores capítulos de la serie).

Párrafo aparte para acotar algo sobre dicho capitulo, el cual tiene uno de los planos más interesantes producto de una gran decisión del equipo de vestuario. El episodio inicia con Connell en un museo de Italia viendo una obra de arte. El museo, como todo museo, es elegante. Él mira la pintura con atención. Corte. Plano general del interior del museo donde se puede ver el ambiente social del mismo. Corte. Plano detalle de las zapatillas de Connell. Las zapatillas deberían ser blancas pero son de un color casi grisáceo por la suciedad y el paso del tiempo, a su vez, están gastadas por el uso. Esto no es más que otra desmarca en el sentimiento de no pertenencia de Connell. Las zapatillas gastadas denotan el nivel socioeconómico de él y lo exponen en un lugar al que no pertenece. En el capítulo se vuelve constantemente a sus zapatillas, aquel plano es reiterado. Durante todo el episodio usa las mismas zapatillas y estos planos nos los hacen saber, lo exponen, lo hacen sobresalir, no le permiten pertenecer del todo a aquel mundo. Al final del capítulo se repite la misma encadenación de planos que al inicio. Connell mira una obra y luego un plano general lo establece dentro del museo. La diferencia esencial es que este museo tiene las paredes y el piso de un color blanco casi perfecto, lo cual hace, lamentablemente, resaltar las zapatillas viejas de Connell. 

Connell suele ser más expuesto a esta inmensidad del mundo y esto es quizás por sus circunstancias socioeconómicas. Esto se ve claro en el tercer episodio, el último en el que asistiremos al periodo de la adolescencia, y por lo tanto el momento en el que él tiene que decidir qué quiere hacer con su vida. ¿Quedarse en su pueblo para llevar una vida más tranquila o aspirar a ganarse la vida como escritor yendo a la capital? Estamos en Sligo, en el instituto, un plano nos muestra a Connell que espera apoyado sobre una pared de ladrillos por la cual detrás se asoman unas chimeneas. Se produce un tono industrial que parece remitirnos a un tipo de vida de la que Connell quiere huir desesperadamente, aunque su clase social y recursos económicos le arrastren hacia ella. 

Cuando logra huir se sorprende al darse cuenta de que no hay ningún paraíso en Dublín. Solo hay contradicciones y mucha gente. Connell no logra encajar entre los estudiantes de familias ricas que en su mayoría ocupan las plazas en Trinity College, lo que lo hace sentir aislado. En cambio, Marianne encuentra su lugar y lo que la hacía diferente en Sligo acá la hace popular. Para Connell lo que aparece en Dublín es la frustración. Sus sueños eran grandes en su pueblo, pero en la capital no son más que del montón. Se choca de frente con la burocracia, la masificación, el darse cuenta de que no somos tan especiales como pensamos que somos. 

Normal People nos demuestra que lo “normal” es una construcción. No hay nada natural en cómo está construido el mundo, ni en las dinámicas de poder que se establecen entre las personas, y mucho menos en la autoflagelación que adoptamos como resultado de las exigencias de la sociedad capitalista. Si bien todos estos puntos laten en la historia como reflexión sobre el mundo contemporáneo, no es más que el relato de dos personajes intentando sobrevivir mentalmente sanos a esta realidad construida, al igual que todos nosotros al final del día. 

Deja un comentario